No quieren nacer las letras cuando una se siente confusa y perdida. Ellas están ahí, apelotonadas e inconexas, cantando todas juntitas sin significado aparente y con esa imposibilidad de ordenarlas para darles un mínimo de sentido. El sentido que nada parece tener. Aunque quizá es la primera vez que empiezo a encontrarlo en muchas de las situaciones vividas en los últimos tiempos. Nada es lo que parece, y nada se escribe sin ese sentido aparente que queremos lanzar al mundo. Tratamos de huir, de una manera irracional, intentando apartar a todo aquel que nos mueve el suelo, a aquél que sigue bailándonos el agua. Y el mensaje es recibido claramente, con la respuesta esperada y temida, que contradictoriamente nos trastorna al ver que el otro jugador nos intuye más de lo que creíamos...con la inconsecuente reacción temperamental, que a veces anda olvidando las buenas normas de educación.
Es mucho más fácil la negación, el querer pasar página, que el declarar abiertamente que sólo respiras por alguien. Y no hay más certeza que esa, a pesar de los deseos de poner tierra de por medio y terminar de una vez con un juego al que nunca quieres jugar. Un juego en el que sólo hay perdedores y ningún ganador. Y no es el juego soñado que termina en tablas, en el que ambos jugadores se dan la mano y caminan con una sonrisa permanente hacia una vida compartida. No lo es; aunque por ambas partes, y lo digo ya con un débil conocimiento más que con intuición, nos gustaría que así fuera.
Tal vez un día sepamos que hacer con lo que tenemos o creemos tener, sin hacer preguntas ni esperar respuestas. Sin complicarnos la vida y a la par complicándola hasta morir...
Aquí estaré, y si no quieres marchar, pues yo tampoco. Y termino susurrando con la voz de Fher esta canción defenestrada en su día por mí, pero que con el tiempo le he pillado cierto cariño...
