Días de vuelta al cole, a las obligaciones y a la normalidad impuesta por el calendario. Después de un verano de no parar, quizá uno de los veranos más imprevistos de los que recuerdo en mucho tiempo, volvemos a la rutina. Es cierto que a veces es mejor no planificar absolutamente nada, por que ese nada puede convertirse en un "casi todo". En un intento de huir de mis absurdas realidades, he puesto tierra de por medio para tratar de parar por casa lo menos posible. Y supongo que habrá quién me entienda, habrá quién en momentos de soledad, piense que las paredes de tu hogar parecen desplazarse para aprisionarte en tus pensamientos y aplastarlos de manera implacable. He huído de todo eso, y creo que he conseguido, con mayor o menor éxito, de eso todavía no estoy muy segura, reinventarme de nuevo. Y eso cuesta, y mucho.
En estos tiempos de solecito me he pegado con pegamento de ése que sale del corazón, ése que a veces nos cuesta utilizar, a mis amigos que me quieren y a mi princesita que cada día va creciendo y sorprendiéndome a tal velocidad que produce un vértigo que sólo puedo parar si me aferro fuertemente a ella. Me sorprende su madurez, y su sonrisa infantil cuando descubre paisajes nuevos y sí, intento ver el mundo a través de esa mirada inocente; una mirada que intento no vea más allá de retazos de felicidad y un "todo va bien".
Me he adherido también a esa aldea que tanto quiero, y que me espera a finales de Septiembre para la Vendimia. Nunca me hubiera imaginado participar en una Vendimia, de hecho no me veo pisando uvas y ya me han explicado que No: - "Fiona, no hay que pisarlas, hay una maquinita que se encarga de ello, nosotros vamos a recolectarlas, a pasarlo bien, y luego nos bebemos parte de ello participando de la fiesta..."- Es que soy de ciudad y me perdonaís pero en estos temas estoy, y soy, un poco pez...y mientras sólo sea una parte lo que nos bebemos, no habrá problema... creo.
Y llueve, mientras escribo este post, agua torrencial que cae por mis orillas, y me gusta. Añoraba esa sensación de humedad y fresquito que me llena. Agua que anuncia con buena música el final del verano. Acompañada de sonidos e imágenes de seres con paraguas y pasitos rápidos y mi sonrisa invisible mientras los observo, y me digo susurrando... lo afortunada que soy por seguir aquí... lloviéndome.
