
(...Con apenas siete u ocho años,mi padre me inculcó el amor por la lírica.María Callas era para mí una diosa,a la que imitaba encaramada a una mesa,con un "radiocassette" de los de entonces y una cinta a la que había que darle la vuelta para poder seguir escuchando la agonía de la gueisa y el sonido escalofriante del cuchillo que con gran sonoridad caía al suelo.Tal era mi devoción por ese sonido que rebobinaba la cinta una y otra vez para escucharlo...hasta que un día la cinta se malogró y con ella se fueron los teatrillos nada recomendables para una ingenua niña de tan tierna edad...)
Madama Butterfly.Supongo que a todos los que la lírica les inspire,conocerán esta obra de Puccini,con historia de amor no correspondido entre un militar americano y una gheisa.A mí esa historia siempre me marcó un poco,sobre todo el aria final en que ella se desentraña literalmente,viendo como todas sus esperanzas por tener el amor del hombre que ama,acaban de morir con la revelación de que él ya nunca va a volver.Final trágico dónde los haya y escena tremendamente emotiva para los que amamos la ópera.Todo un drama.
Pues bien,hace unos días me obsequiaron con esta obra interpretada por la Callas y volví a escucharla.Y me identifiqué con la Madama y sus sentimientos.Amor del bueno.De ese que a veces sentimos raras veces en la vida y al que nos cuesta renunciar.Una mujer capaz de esperar y esperar,lo posiblemente inesperable.Esperar a que alguien te devuelva tu yo.Y tu alma.O tu corazón.Porque siempre hay alguien que camina con dos corazones sin apenas enterarse.El suyo y el que te ha robado por un beso,por un abrazo o simplemente por el calor de una noche.
El final de la Madama es muy trágico,y más cuando hay algo imperdonable en ella.Y es que ella,era madre,y el amor por un hijo nunca debería estar a un nivel inferior al amor por un hombre o una mujer.Eso nunca.Jamás.No me cabe en la cabeza,a que haya amor superior al que se siente por un hijo.Sin embargo,lo que anhelamos de verdad,sin llegar a dramatismos operísticos,es llegar alguna vez a tener ese otro amor soñado a nuestro lado,esa otra mitad compatible y complementaria,que todos necesitamos.Y por eso,no queremos renunciar a nuestro amor imperfecto,ese que tal vez nunca llegue,pero en el cuál seguimos confiando.Hasta que se nos confirme lo contrario.Con sinceridad y con valentía.Regalándonos un "te quiero",tan necesario como inequívoco.Esas dos palabras soñadas,temblorosas y escritas entre nieblas.Sin necesidad de nada más.Aceptando o negando definitivamente lo que se siente.Y si llega el adiós definitivo,sabremos aceptar que estábamos equivocados y que el amor a veces es tan esquivo,como la felicidad misma.Porque Amor y felicidad,son dos términos que raramente van unidos.O sí,a momentos...