Posee una belleza exótica,de figura esbelta y caminar felino.Sus ojos negros atesoran una profundidad de abismo y su naricilla chatita es lo único que parece mío.La primera vez que la vi,pensé que se habían equivocado de bebé.Era todo cabello y su piel presentaba un color amarillento difícil de identificar.Recuerdo las visitas de la familia y amigos al hospital,dónde a cada cuál más embustero me regalaban los oídos,apabullando con lo de "qué preciosa es la niña".Yo callada,asentía,pero por dentro seguía pensando que me habían cambiado a la criatura.Tantas horas de parto,con un embarazo que no había conseguido llevar a término a causa de problemas y más problemas,para parir una especie de monito simpático...Con el paso de las horas,la fui viendo más bonita,y con el transcurso de los meses me pareció la criatura más hermosa del mundo,como todas las mamás vemos a nuestros bebés,objetividad aparte. He de decir que yo a ella le he contado mi primera impresión al verla y sus carcajadas al reír son música para mis oídos...
Ahora ya es toda una mujercita preciosa que me discute y se rebela en contra de todo aquello que le impongo.Ya no hay más películas de Barbirubias horteras ni Princesas de cuento.Ahora empapelamos paredes,carpetas y nevera,también,con fotografías de adolescentes flacuchos y descarados,por no hablar de la coquetería de verse reflejada en el espejo,y preguntar cada dos por tres si la ropa que lleva le queda bien o mal.
Llegan cambios que no puedo controlar y nunca sabes del todo como reaccionar ante la responsabilidad que conlleva el intentar frenar un poco ese irremediable paso del tiempo.Los niños crecen y a nosotros no nos queda más remedio que compartir con ellos estos momentos que a la larga no dejan de ser tan efímeros como todos los anteriores.
Hoy bailo con Joe Jonas,y es que a mi hija le parece tan... ¡rematadamente guapo!

